1 de julio de 2010

Fragmento de la semana 005

La sonrisa de la reina fue amplia y terrible.
-¿Y si les dijera que puede ser liberada mediante un beso?
-¿Quieres que Jace te bese? -inquirió Clary, perpleja.
La reina soltó una carcajada, e inmediatamente, los cortesanos copiaron su su alborozo. Las carcajadas fueron un singular e inhumana mezcla de risotadas, chillidos y cloqueos, como los agudos alaridos de animales que sufren.
-A pesar de los encantos del joven -repuso la reina -,ese beso no liberaría a la muchacha.
Los cuatro se miraron entre sí, sobresaltados.
-Podría besar a Meliorn -sugirió Isabelle.
-No. A nadie de mi corte.
Meliorn se apartó de Isabelle, que miró a sus compañeros y alzó las manos.
-No pienso besar a ninguno de los tres -declaró Izzy con firmeza-. Que quede claro.
-Ni falta que hace -dijo Simon-. Si un beso es todo...
Fue hacia Clary, que estaba paralizada por la sorpresa. Cuando la tomó por los codos, ésta tuvo que contener el impulso de apartarle de un empujón. No es que no hubiera besado a Simon antes, pero esa hubiera sido una situación muy peculiar, incluso si ella se sintiera cómoda besándolo, que no era el caso. Y sin embargo era la respuesta lógica, ¿no? sin ser capaz de evitarlo, dirigió una veloz mirada por encima del hombro a Jace y le vio poner mala cara.
-No -dijo la reina, en una voz que era como el tintineo del cristal-.Tampoco es el beso que quiero.
Isabelle puso los ojos en blanco.
-Ah, por el Ángel. Mira, si no hay otro modo de salir de aquí, besaré a Simon. Lo he hecho antes, no es tan malo.
-Gracias -dijo éste-. Resulta de lo más halagador.
-Es una lástima -respondió la reina de la corte seelie, y su expresión estaba cargada de una especie de cruel placer, que hizo que Clary se preguntase si lo que deseaba no era tanto un beso como contemplarlos a todos presas del desasosiego-, pero me temo que ese tampoco servirá.
-Bueno, pues yo no voy a besar al mundano, -indicó Jace-. Preferiría quedarme aquí abajo y pudrirme.
-¿Para siempre? -dijo Simon-. Para siempre es una barbaridad de tiempo.
Jace enarcó las cejas.
-Lo sabía -repuso -. Quieres besarme, ¿verdad?
Simon alzó las manos con exasperación.
-Claro que no, Pero si...
-Imagino que es cierto lo que dicen -observó Jace-. No hay heterosexuales en las trincheras.
-Es ateos, imbécil .-exclamó Simon, enfurecido -. No hay ateos en las trincheras.
-Aun que todo esto es muy gracioso -intervino la reina con frialdad, inclinándose hacia adelante -, el beso que liberará a la muchacha es el beso que más desea. -El placer cruel presente en su rostro y su voz se había intensificado, y las palabras parecieron clavarse en los oídos de Clary como agujas-. Únicamente ése y nada más.
Simon tenía la misma expresión que si la mujer le hubiese pegado. Clary quiso tenderle la mano, pero se quedó paralizada, demasiado horrorizada para moverse.
-¿Por qué haces esto? -exigió Jace.
-Yo más bien creía que te hacía un favor.
Jace enrojeció, pero no dijo nada. Evitó mirar a Clary.
-Eso es ridículo -indicó Simon.
La reina se encojió de hombros con una delicada elevación.
-El deseo no siempre se ve reducido por la repugnancia. Ni tampoco se puede conferir, como un favor, a aquellos que más lo merecen. Y puesto que mis palabras obligan a mi magia, de ese modo podrán saber la verdad. Si ella no desea su beso, no será libre.
Simon dijo algo, enfadado, pero Clary no lo oyó: los oídos le zumbaban como si tuviera un enjambre de abejas enfurecidas dentro de la cabeza. Simon la miró, con expresión furiosa.
-No tienes que hacerlo, Clary es un truco... -dijo.
-Un truco no -aseguró Jace -. Una prueba.
-Bueno, yo no sé tú, Simon -intervino Isabelle en un tono impaciente -, pero a mí me gustaría sacar a Clary de aquí.
-Como si tú fueras a besar a Alec -replicó él, -sólo por que la reina de la corte seelie te lo pidiera.
-Claro que lo haría. -Isabelle parecía molesta. -si la otra opción fuese quedarme atrapada en la corte seelie para siempre. ¿A quién le importa, de todos modos? Es sólo un beso.
-Es cierto. -Era Jace. Clary lo vio, por el rabillo del ojo, mientras iba hacia ella y le ponía una mano sobre el hombro para hacerla volverse de cara a él -. No es más que un beso -repitió el muchacho, y aunque el tono era áspero, las manos eran inexplicablemente delicadas.
Clary dejó que la moviera y alzó la mirada hacia él. Los ojos de Jace estaban muy oscuros, tal vez porque había poca luz en la corte, tal vez por otro motivo. Clary vio su reflejo en ambas pupilas dilatadas, una imagen diminuta de sí misma dentro de los ojos de Jace.
-Puedes cerrar los ojos y pensar en Inglaterra, si quieres -sugirió él.
-Nunca he estado en Ingalterra -repuso ella, pero bajó los parpados.
Sintió la húmeda pesadez de las propias ropas, frías y picantes contra la piel; el empalagoso aire dulce de la cueva, más frío aún, y el peso de las manos de Jace sobre los hombros, lo único que resultaba cálido. Y entonces él la besó.

Situación entre Jace, Clary, Simon, Isabelle y la reina de las Hadas. Capitulo 8 La Corte Seelie.
Cazadores de Sombras 2 Ciudad de Cenizas de Cassandra Clare.

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